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cenas lentas

2 ó 3 veces al año

Pesto tradicional
“¿Qué es eso?” es la pregunta de rigor al mencionar la comida lenta. Y sin embargo todos saben lo que es fast food.
La comida lenta pretende ser todo lo que no es la comida rápida. Es la comida que solían comer nuestros padres.

Nos tomamos todo el tiempo necesario para elaborarla, disfrutando del placer de prepararla y saborearla. Es fresca; no envasada, preservada, congelada, deshidratada, procesada, precocida ni microondeada. Proviene de quintas y granjas de la zona y se utilizan vegetales y frutas de estación, sin agrotóxicos y libres de manipulación genética. Sin animales de crianza intensiva.


Una mirada a la realidad eco-gastronómica:
• En un siglo se extinguieron trescientas mil variedades vegetales. Esta tendencia sigue a un ritmo de una especie cada seis horas.
• Un tercio de las razas autóctonas bovinas, ovinas y porcinas se extinguieron o se encuentran en vías de extinción.
• Durante el invierno la lechuga viaja desde California a Londres, las zanahorias llegan a Suiza desde Sudáfrica. En los EE.UU. el recorrido promedio de cada producto para llegar al mercado es de 1288 km.

Esta es la locura de una agricultura hiperproductiva que ha fracasado rotundamente: ha hambreado al planeta, lo ha contaminado; ha anulado la identidad cultural de pueblos enteros y reducido la diversidad.

¿por qué comida lenta?

Este movimiento nació en Italia, pero pudo haber sido en cualquier otro lugar porque hay muchos que queremos un cambio, una toma de conciencia. Es sorprendente y preocupante ver que en países donde hay una deliciosa comida rápida autóctona, hecha artesanalmente, como las tapas en España o los tacos en México, las nuevas generaciones se sientan más atraídas por la comida extranjera preparada en serie que por los sabrosos platos nacionales.
Si bien en Argentina todavía cultivamos el placer de compartir la mesa con familia y amigos, los lugares de comida rápida se ha ido instalando en las costumbre de algunos, sobre todo con publicidad dirigida a los niños.

No sólo está el placer del lo gastronómico; también la comida debe ser un rato de grata convivencia. El movimiento se preocupa por contrarrestar la tendencia a convertirnos en un mundo de sabores universales, donde no se respeten las tradiciones de cada país, de cada región y aun de cada población.
Uno de los placeres de viajar es descubrir comidas que no conocemos y saborear platos únicos que sólo se pueden encontrar en determinados lugares.

Es de gran importancia conservar y difundir el conocimiento y el aprecio de cada cultura, ya que los productos reflejan la esencia de su lugar de origen y la técnica de su manufactura, a veces centenaria, enseñada de padres a hijos. El sabor de un vino, un queso, un jamón serrano o un aceite de oliva depende de muchos factores controlados por la naturaleza y puede variar no sólo por circunstancias geográficas de una zona a otra, sino también por circunstancias climatológicas de un año a otro dentro de la misma zona, como se demuestra claramente en las añadas de los vinos.