InicioNosotrosActividadesArtículosBibliotecaArchivoContactoLogo de MACÁ

soja y desertificación

Por Elisa Araujo
Publicado en la revista “Lazos”
Imprimir esta página Descargar este artículo

Hace muy pocos años, cuidábamos nuestra salud comprando en las dietéticas tofu, lecitina o milanesas de soja, y aun pasándonos recetas para hacerlos en casa.
Lamentablemente, para cuidar la salud, consumir soja no es ahora una buena idea.

Porque la soja no es lo que era. Ahora es soja transgénica forrajera para los animales del primer mundo, a la que Argentina se ha volcado sin titubeos, y que es rechazada por los europeos por los problemas que puede acarrear en la salud y el medio ambiente.
Y no sólo se trata de nuestra salud; se trata de la salud de nuestro suelo, de nuestra agua. Se trata de que la pampa no se transforme en un desierto, que es lo que esta nueva soja, por la manera de sembrarla, va a hacer con nuestro privilegiado lugar en el mundo.

Transformamos el campo en una fábrica. La avaricia no tiene límites, y en esto todos somos pecadores. El país necesita exportar, pero no se fija que en eso se le va la vida. Se le va la vida fértil, que significa que se le va la posibilidad de producir alimentos en esos suelos para nuestros hijos y nuestros nietos y bisnietos.
¿Por qué no entendemos lo que los incas sabían antes de que vinieran los españoles? El suelo es un bien precioso, más valioso que el oro.


¿Cómo revertimos un desierto?

La desertificación avanza a grandes pasos en Argentina.
En el afán de exportar se siembra más y más soja (hasta en las banquinas). No hay rotación de cultivos, ni descanso para el suelo. Como la soja es muy fuerte y crece igual, no se fertiliza. Así, la tierra se va empobreciendo y deteriorando a gran velocidad.

Nunca fue más cierto el dicho “pan para hoy, hambre para mañana”. Pero acá el hambre también es para hoy, porque los que exportan y traen divisas al país, los que donan algunas toneladas de forraje para los comedores de indigentes, de ninguna manera han logrado paliar el hambre de muchísimos argentinos.
Quizás contribuyeron a empeorar la situación. La soja es un poroto peculiar.

· Necesita un remojo de varias horas o una larga cocción (1 hora y media), creando la tentación de darle una cocción menor, por su costo, en comedores que usan garrafas.
· Contiene inhibidores de la tripsina, enzima que segrega el páncreas para digerir las proteínas.
· El herbicida Round-Up, parte del paquete tecnológico, es tan potente que mata todo menos la soja transgénica. Se hallaron restos de este veneno en muestras de porotos.
· Está contraindicada la ingesta de soja más de dos veces por semana en adultos.
· Está totalmente contraindicada en niños y embarazadas, o durante la menopausia, porque inhibe la captación de calcio y de hierro.

Algunos dirán “peor es el hambre” y es cierto, pero si el campo quiere ayudar ¿por qué no donan otra cosa? ¿Por qué no donan porotos no transgénicos? En Brasil la dieta de porotos y arroz es un alimento completo.

A caballo regalado mejor mirarle los dientes, no sea que se trate de otro animal disfrazado.