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qué hacer con el progreso

Por Elisa Araujo
Publicado en la revista “Lazos”
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Cuando era chica mis días transcurrían con la bici, los patines, la calesita, jugando con mi perro y jugando con los chicos del barrio a la mancha, a las figuritas, a la escondida. Mis padres me leían un cuento antes de dormir. El progreso nos trajo la televisión, los video juegos, los juguetes a pilas, y los niños se volvieron sedentarios.
Este camino no lo elegimos sopesando los pro y los contra; no lo hicimos consciente y responsablemente. El camino fue trazado por quienes nos venden la tecnología para una vida más cómoda. Por comodidad instalamos en nuestros hogares una niñera electrónica, y nuestros niños aprendieron de la TV muchas cosas, no sé si útiles o importantes.
Sé que le ha quitado a la familia el tiempo necesario para “estar en familia”, para compartir, para mirarse a la cara y contarse cosas, problemas, sueños, proyectos, ideas, alegrías y tristezas.


Nuevos espejitos de colores

Ahora los nuevos espejitos de colores son para “estar comunicados”. Como no nos comunicamos cuando estamos frente a frente, debemos usar más tecnología: teléfonos celulares o chateo frente a una pantalla. ¿Qué tiene que ver esto con la ecología? Está muy relacionado con la contaminación.
Aunque no la veamos, todo este aparataje conlleva una enorme contaminación electromagnética proveniente de todos los aparatos eléctricos que usamos para nuestra comodidad. La proximidad a los aparatos, a las pantallas, a las microondas de los hornos y también de los teléfonos móviles acarrean peligros para la salud. Más peligrosa aún es la proximidad a las antenas para esos teléfonos que proliferan por doquier.


Síntomas

Sin diagnóstico aparente, el dolor ocular, insomnio, labios secos, garganta inflamada, presión en el pecho, dolor de cabeza, mareos, náuseas, temblor, dolores difusos o síntomas gripales persistentes pueden estar causados por este tipo de contaminación.
Si miramos a nuestro alrededor veremos infinitos cables que cruzan nuestras calles y, de manera creciente, altas antenas para los celulares. El éter está totalmente saturado por las radios que se superponen y compiten con potencias desorbitantes que entran por los teléfonos, dando música de fondo a nuestras conversaciones.

Durante las 24 horas usamos artefactos eléctricos en nuestros hogares. Cada uno de nosotros debe decidir si es tan importante “estar comunicados” todo el tiempo y saber el precio que pagamos por ello con nuestra salud.
Los efectos biológicos de la energía electromagnética fueron estudiados casi exclusivamente en los países del este y Rusia, donde describen una enfermedad que llaman “de radio-onda”, uno de cuyos síntomas graves es la bradicardia o pulso excesivamente lento.


¿Qué hacer?

No hay manera de evitarla, pero es importante la distancia que ponemos entre el emisor y nuestro cuerpo. Por eso debemos restringir el uso de teléfonos inalámbricos y celulares, evitar que los usen los niños, alejarnos de los hornos de microondas, no usar equipos inalámbricos de monitoreo en la habitación del bebé, y, si vivimos en un edificio donde proponen poner una antena para celulares, alertar a los vecinos del peligro que corre nuestra salud.