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PVC y PCB, nuestros enemigos íntimos

Por Elisa Araujo
Publicado en la revista “Lazos”
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A veces nos confundimos con esas letras, pero si hay algo seguro es que ambos son parte de nuestra vida cotidiana y de nuestro cuerpo, pues son persistentes y van migrando por la cadena alimenticia, llegando a depositarse en los eslabones superiores, como los mamíferos y el hombre.


PVC: Policloruro de vinilo

Se usó sin restricciones durante años en caños, cables, ventanas, juguetes, pisos, papeles para paredes, envases, guantes, sillas de jardín y hasta mordillos para bebés.
Aunque en su estado sólido es inerte, durante su producción y en caso de combustión se generan y emiten dioxinas, unos de los compuestos sintéticos más tóxicos que se conocen. Las dioxinas no sólo son cancerígenas, sino además un desestabilizador hormonal. Actúan como imitadores de los estrógenos (hormona femenina) y pueden interferir en el desarrollo de los fetos. No se descomponen en décadas. Estos contaminantes migran a través del aire, el suelo y el agua, y se depositan en plantas que son alimento de animales que a su vez son comidos por otros; lo mismo ocurre en los peces y mamíferos acuáticos, llegando eventualmente a depositarse en los mamíferos superiores.


PCB: Bifenilos policlorados

Son también persistentes y bioacumulativos. Empleados generalmente en transformadores de alta tensión. Se han detectado también en el aceite dentro de estufas eléctricas (radiadores) de origen chino en venta en algunos hipermercados. Si estos aparatos llegan a tener pérdidas o explosiones aumenta la probabilidad de padecer cáncer de quienes vivan cerca, sin mencionar el peligro de contaminación del suelo, el aire y el agua.


Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, el hombre ha inventado o descubierto más de siete millones de productos químicos. La actividad humana produce toda clase de basura: RSU (residuos sólidos urbanos, que son los de las casas), residuos peligrosos, patógenos, tóxicos, nucleares, etc.

Los POP (siglas en inglés), también llamados COP (contaminantes orgánicos persistentes) son principalmente sintéticos, tardando muchos años en degradarse. Se concentran en el tejido adiposo. En estudios de sangre y leche materna en humanos se encontró que los residuos de dioxinas y furanos son más altos en los países industrializados, mientras que los plaguicidas son mayores en países subdesarrollados.

Hay una extensa lista de estos compuestos que están prohibidos: DDT, Heptacloro, Aldrín, Dieldrín, PCB, etc. Además están los furanos y dioxinas, que son producto involuntario de algunos procesos industriales.
Estas sustancias son un problema mundial, pues es difícil saber qué hacer con estos residuos. Han sido enterrados, vertidos a cursos de agua o arrojados al mar. Ninguna de estas opciones es buena. Tampoco lo es la incineración, pues algunos compuestos sólo pasan de un estado a otro (líquido a gaseoso, por ejemplo), en tanto que con la incineración se crean algunos compuestos aún más tóxicos.


La ecología como política de Estado integrada a la economía será la necesidad de este siglo. Eco-tasas, eco-etiquetas, eco-leyes. En algunos países se están aplicando estas nuevas visiones sobre la industria y la construcción.
A no ser que nos mudemos de planeta, deberemos conservar éste habitable.