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paréntesis invernal

Por Dora Ester Kaufmann
Publicado en la revista “Lazos”
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La naturaleza en invierno se toma un descanso; algunas plantas parecen secas, pero en realidad están en reposo invernal (por ejemplo, la Ampelopsis o enamorada del muro), esperando la primavera para brotar.


Muchas coníferas se desarrollan bien en nuestro clima y suelo. Sus hojas son simples, aciculares, escamosas, lineares o elípticas. Se insertan en tallos largos o cortos. La mayoría son de follaje persistente, aunque hay algunas excepciones, como el ciprés calvo o taxodium, cuyas hojas toman una coloración rojiza antes de caer. Las hojas en forma de abanico de Ginkgo biloba, también del grupo de las coníferas, toman una coloración amarillo dorado antes de caer. En general, las coníferas necesitan un suelo suelto, bien drenado, nunca anegado y con un pH moderado a levemente ácido (5,5 a 6,5). Prosperan bien a pleno sol.

Hay arbustos que viran el verde de sus hojas a rojo o bordó intensificado por el frío (por ejemplo Nandina domestica, Abelia grandiflora, etc.).

El invierno es época para plantar y podar rosales. Se necesitan tijeras bien afiladas para quitar todas las ramas enfermas o torcidas y dejar 4 ó 5 ramas por planta, a 30 ó 40 cm. de altura. Conviene fumigar con polisulfuro de calcio para prevenir enfermedades. Luego, abonar con compuestos orgánicos como humus de lombriz o mantillo.
Para transplantar rosales, el mejor momento es después de la poda, la cual podemos aprovechar para hacer otras plantas. En esta época se venden rosales a raíz desnuda.