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ni drácula ni batman

Por Elisa Araujo
Publicado en la revista “Lazos”
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A veces se habla de mala prensa, de campañas de desprestigio respecto de figuras públicas.
A través de la historia hubo múltiples casos de mala prensa que produjeron lamentables pérdidas de la biodiversidad.
En nuestra zona es común toparse con animales silvestres como comadrejas, murciélagos, víboras, sapos y lechuzas. Desgraciadamente hay un desconocimiento de la función que cada animal, planta, insecto y bacteria cumple dentro del ecosistema, donde cada integrante desempeña su rol y mantiene de esa manera un equilibrio. Este equilibrio se pierde cuando por alguna razón, generalmente por acción del hombre, se destruye una cantidad de partes del sistema. Esto puede dar lugar a que aparezcan plagas, por ejemplo cuando debido a la falta de un predador, determinada población se dispara y multiplica demasiado.

Los sapos no son demasiado queridos por mucha gente debido a su aspecto (“feo como un sapo”, reza el dicho). El asfalto hace que pierdan su hábitat y los caminos les cortan el paso. Es común ver muchos sapos y ranas aplastados por los autos. Los sapos se alimentan de insectos y la merma en su número significa una proliferación de insectos. En algunos países buscan remediar esto construyendo pequeños túneles bajo las rutas para el cruce de sapos y otros anfibios que requieren trasladarse de un lugar a otro para poder reproducirse.


Tampoco los murciélagos, cuyos hábitos nocturnos o la ancestral repulsión que el hombre tiene hacia ellos, tienen mejor suerte. Se conocen 950 especies en el mundo. El 70% de ellas son insectívoras, y sólo 3 especies en todo el mundo se alimentan de sangre, los llamados “vampiros” (Desmodus rotundus, Diaemus youngi y Diphylla ecaudata).
Estos animales son de gran ayuda para el hombre en su lucha contra las plagas y los insectos vectores de enfermedades, porque consumen grandes cantidades de ellos.
El moloso común (Tadarida brasiliensis) puede llegar a consumir hasta 1000 insectos de diversas especies en una hora de caza.

Algunos murciélagos son solitarios y otros viven en enormes bandadas de hasta 50.000 individuos. Tienen hábitos nocturnos o crepusculares y durante el día descansan en sus refugios, que pueden ser naturales (follaje, corteza y huecos de árboles) o en edificios.

La mayoría de los murciélagos que habitan las regiones templadas, como es el caso de nuestra provincia, suelen migrar a climas más benignos o bien hibernar hasta la primavera. Algunos realizan migraciones de miles de kilómetros. La hibernación es común pero no es completa, ya que muchas especies despiertan a intervalos regulares y llevan a cabo cortos vuelos para alimentarse.


Ninguna de las tres especies de murciélagos vampiros habita en nuestra zona.

Las especies que habitan en la provincia de Buenos Aires son:

· Murciélago pescador grande (Noctilio leporinus)
· Murciélago amarillento (Myotis levis)
· Murciélago pardo chico (Eptesicus diminutus)
· Murciélago pardo común (Eptesicus furinalis)
· Murciélago orejón chico (Histiotus montanus)
· Murciélago escarchado chico (Lasiurus borealis)
· Murciélago leonado (Dasypterus ega)
· Murciélago pardo de orejas anchas (Eumops bonariensis)
· Murciélago gris (Eumops patagonicus)
· Murcielaguito de vientre blanco (Myotis albescens)
· Moloso común (Tadarida brasiliensis)


Los murciélagos evitan el contacto con el hombre y nunca lo atacan. Son una valiosa herramienta en investigaciones biomédicas por ser resistentes a muchas enfermedades.
La continua caída en sus poblaciones se debe al uso indiscriminado de agroquímicos, a la destrucción de sus hábitats y la persecución del hombre, llegando incluso a figurar entre los objetivos en listas de empresas exterminadoras junto a ratas y cucarachas. Contrariamente a éstas, los murciélagos son beneficiosos para el hombre.

Ni Drácula ni Batman. Los murciélagos son solo pequeños mamíferos voladores que nos brindan un gran servicio cumpliendo su rol en el ecosistema.