InicioNosotrosActividadesArtículosBibliotecaArchivoContactoLogo de MACÁ

la trama de la vida

Por Elisa Araujo
Publicado en la revista “Lazos”, julio de 2005
Imprimir esta página Descargar este artículo

En este mundo todo tiene un porqué. El hecho de que nosotros a veces no lo comprendamos no quiere decir que no exista.
Por ejemplo, cuando no entendemos la importancia de la preservación de una especie.
¿Qué tiene que ver conmigo una ballena? ¿Qué me importa la suerte de un tiburón? ¿No es más importante ocuparse de la pobreza y la corrupción?
Lo realmente importante es darse cuenta de que son problemas no excluyentes.
Es fácil ver la conexión entre pobreza y corrupción. Es más difícil ver, en la trama de la vida, los invisibles hilos que ligan la suerte que corren las especies.

El hombre es el único ser que tiende a la avaricia. Por avaro trafica con otros seres; lo hizo con el hombre mismo, vendiendo esclavos. Mata ballenas, rinocerontes, elefantes, tiburones e infinidad de otros animales, y nunca le basta lo obtenido. Trafica con las miserias humanas vendiendo drogas, pornografía y armas; trafica con la misma avaricia vendiendo corrupción y favores.

Hay quienes aún sostienen que la ecología es una moda pasajera.
Siempre hubo rechazo a los avances en el conocimiento. Sobre todo cuando desplazan al hombre como centro de la creación: le pasó a Galileo al plantear que la Tierra no es el centro del Universo. Le pasó a Darwin con su teoría de la evolución. Tan egocéntricos somos que nos consideramos por afuera y por arriba de la Naturaleza.
Nuestra inteligencia superior debe hacerse algunas preguntas y sacar varias deducciones.
Si hubo un orden de aparición de las especies, comenzando por las bacterias, ¿no será que las especies que llegaron más tarde, como la nuestra, necesitaron de todo ese entramado de vida para poder llegar a existir?
¿No será que esa delgada red de vida es la que hace posible nuestra permanencia como especie en el planeta? Sin bacterias no podríamos digerir la comida, sin los mohos no tendríamos penicilina, sin el sauce no tendríamos la aspirina.

El mundo moderno prioriza el desarrollo y el progreso. ¿Para quién y por cuánto tiempo? ¿A qué costo humano y ambiental?
El desarrollo en una dirección limita las alternativas futuras de uso. En la minería a cielo abierto, quedan para siempre arruinados usos turísticos o de producción agraria. La contaminación que producen estas minas en la tierra y en el agua hace que esos lugares ya no sean aptos para cultivar, vivir o siquiera visitar.
Las formas de desarrollo que no tienden a un uso sostenido terminan generando pobreza. El sobrepastoreo hizo de la llanura central de los EE.UU. una gigantesca zona desertificada bautizada “dust bowl” (cuenco de polvo).
El progreso suele tener efectos desparejos. Millones de personas atestiguan que el progreso los dejó sin tierras, sin vivienda, sin trabajo.
La automatización de las fábricas no produjo, como prometió, mejor calidad de vida ni más horas de ocio para los obreros; los dejó simplemente desempleados al reemplazar el trabajo de muchos por máquinas robotizadas.

Relaciones entre especies, entre pobreza para muchos y riqueza para pocos, entre avaricia y sobreexplotación de recursos. De alguna manera, nos damos cuenta de que para hablar de ecología necesitamos hablar también de nosotros, los humanos. Ojalá despertemos a tiempo.