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cuestión de agua

Por Elisa Araujo
Publicado en la revista “Lazos”
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El agua debe ser insípida, incolora e inodora.
Aprendimos en la escuela el ciclo del agua: al evaporarse se eleva, encuentra aire más frío, se condensa formando nubes que cada vez más pesadas y cargadas de electricidad forman las tormentas, y llueve. Del estado líquido al gaseoso, y al líquido otra vez. Un recurso natural que esta ahí desde tiempos inmemoriales y para siempre. No recuerdo en mi infancia que mencionaran los acuíferos, los humedales, la forma en que la contaminación también va a las nubes y luego produce lluvia ácida que daña plantas y bosques.


Los humedales

Son zonas bajas, bañados, que retienen el agua; son como esponjas que van alimentando los acuíferos, tienen increíble diversidad de vida y las Naciones Unidas han declarado algunos como Sitios Ramsar de necesaria preservación por su papel irremplazable en los ecosistemas mundiales.


La lluvia y la vegetación

La lluvia toma contacto primero con las hojas de los árboles y otras plantas. Escurre lentamente por las ramas y los troncos. Dependiendo de la intensidad de la lluvia, si nos paramos bajo un árbol de follaje tupido estaremos secos durante bastante tiempo. Este fenómeno se llama interferencia; frena la velocidad de la precipitación y por eso es benéfico. Da tiempo para que el agua llegue lentamente y se vaya infiltrando en el suelo. Las raíces frenan la circulación, a la vez que fijan el suelo para que no se lave la capa fértil de tierra negra. Si no existe este lapso adicional de tiempo, porque no hay vegetación o porque el suelo está impermeabilizado por el asfalto, ocurren tres cosas que son perjudiciales. Una, la más obvia: las zonas urbanas más bajas sufren cada vez más inundaciones a medida que hay más asfalto. Otra es que, al no haber interferencia, el agua golpea con fuerza el suelo, desnudándolo. Al lavarse la capa de tierra negra, luego hay una capa de tierra que es arcillosa y poco permeable. El agua corre con rapidez hacia las zonas más bajas para desembocar en una zanja o arroyo, un río y luego el mar. Estamos entonces ante la tercera cosa perjudicial: estamos perdiendo el agua dulce que va a parar al mar y que tendría que seguir hacia las profundidades del suelo para reponer el agua del acuífero de donde extraemos agua para beber.


Los acuíferos

En nuestra zona el acuífero se llama Puelche y está por debajo, y semi-comunicado, con otro de nombre Pampeano que ya está bastante contaminado.
¿Qué es un acuífero? No es un río subterráneo. Es una zona donde a través de milenios se ha acumulado agua entre las partículas de suelo arenoso sobre un lecho impermeable. Este agua tiene una cierta movilidad, un desplazamiento muy lento, que puede llevar la contaminación también en forma horizontal.
Todo lo que tiramos al agua tarde o temprano termina en nuestros cuerpos. Lo que tiramos al suelo filtra hacia las profundidades contaminando los acuíferos.
Desde nuestros hogares somos responsables de contaminar con detergentes, insecticidas, limpia hornos, solventes, desodorantes, ceras, pinturas, etc. Lo que las cloacas arrojan al río, sin tratamiento previo, vuelve como un boomerang.