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comida lenta

Por Elisa Araujo
Publicado en la revista “Lazos”
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“¿Qué es eso?” es la pregunta de rigor al mencionar comida lenta. Y sin embargo, todos saben lo que es fast food. La lengua va cambiando, así como las costumbres, pero tratemos de que sea para bien, que los cambios que adoptemos sean elegidos y no impuestos y que elijamos con buen criterio.

La comida lenta pretende ser todo lo que no es la comida rápida. Es la comida que solían comer nuestros padres.
Cuando yo era niña, mi familia viajó a Estados Unidos por trabajo de mi padre, y recuerdo que él se quejaba de lo insulso de las frutas y las verduras. Es que ya en esa época, en ese país los alimentos viajaban muchos kilómetros.
Veamos algunos datos sobre los alimentos.


Comida Lenta: Una mirada a la realidad eco-gastronómica

En un siglo se extinguieron 300000 variedades vegetales. Esta tendencia sigue a un ritmo de una especie cada seis horas.
Un tercio de las razas autóctonas bovinas, ovinas y porcinas se extinguieron o se encuentran en vías de extinción.
Durante el invierno la lechuga viaja desde California a Londres, las zanahorias llegan a Suiza desde Sudáfrica. En los EE.UU. el recorrido promedio de cada producto para llegar al mercado es de 1288 km. Esta es la locura de una agricultura hiperproductiva que ha fracasado rotundamente: ha hambreado al planeta, lo ha contaminado, anulando la identidad cultural de pueblos enteros y reduciendo la diversidad.


¿Por qué comida lenta?

Porque la lentitud alarga el placer de prepararla y saborearla. Es fresca, no procesada ni microondeada. Proviene de quintas y granjas de la zona, se utilizan vegetales y frutas de estación, sin agrotóxicos y libres de manipulación genética. Sin animales de crianza intensiva.
Este movimiento nació en Italia, pero podría haber sido en cualquier otro lugar, porque hay muchos que queremos un cambio, una toma de conciencia.

Si bien en Argentina todavía cultivamos el placer de compartir la mesa con familia y amigos, los lugares de comida rápida se han ido instalando en las costumbres de algunos, sobre todo con publicidad dirigida a los niños.

No sólo está el placer del lo gastronómico; también la comida debe ser un rato de grata convivencia.

El movimiento se preocupa por contrarrestar la tendencia a convertirnos en un mundo de sabores universales, donde no se respeten las tradiciones de cada país, de cada región y aun de cada población. Uno de los placeres de viajar es descubrir y saborear platos únicos que sólo se pueden encontrar en determinados lugares.
En cada cultura los productos reflejan la esencia de su lugar de origen usando técnicas, a veces centenarias, enseñadas de padres a hijos.
Es importante conservar estos conocimientos. El movimiento se ha extendido también a involucrar el estilo de vida, con las Ciudades Lentas y la Vida Lenta. Toda una nueva manera de vivir, o una vieja manera recuperada, para la salud y el disfrute.